Entrevista a Urpi Barco
Por Efraín Alavez
Una de las cantantes y compositoras más reconocidas de las nuevas músicas colombianas y el jazz latinoamericano visitará por cuarta ocasión nuestro país para presentar su nuevo material “Golondrina” en homenaje a las mujeres del jazz colombiano con música que posee ritmos tradicionales de Colombia y Latinoamérica, elementos del jazz, exploración vocal y letras con lenguas indígenas. Platicamos con la también productora, pedagoga e investigadora Urpi Barco que se ha interesado a lo largo de sus veinte años de carrera por las músicas de las costas colombianas, pilar de su proyecto.
El folclor colombiano tiene una herencia indígena, africana y europea. ¿Cómo influyó en tu etapa formativa?
Yo soy hija de artistas. Mis padres son teatreros y titiriteros, mi madre toca el tambor desde que yo era una bebé entonces en casa estuvo siempre la música de Totó la Momposina y la música de tambores. Desde muy pequeña me gustaba la percusión y me gustaba cantar, siempre recuerdo eso. Gracias a que mis padres viajaban por diferentes partes de Colombia, pude vivir en varias regiones del país como en la costa Caribe, en la costa Pacífica, en los Andes y luego en Bogotá (ahí estudié mi carrera de hecho). Mi propuesta es una mezcla de todas estas vivencias, de todas estas músicas.
Empecé de una manera muy empírica con toda esa música, la herencia africana ha estado siempre en mi vida. Luego decidí estudiar música en la Asab (Facultad de Artes de la Universidad Distrital en Bogotá) donde se abordan músicas populares y música clásica. En ese momento no había mucho jazz, a mí me encantaba pero no tenía una escuela donde pudiera desarrollar ese interés, sin embargo mi universidad apoyaba mucho el canto popular, el canto moderno, que en ese momento representó para mí una puerta gigante de poder cantar lo que me gustaba de niña: la música de tambores, la música de marimba, la salsa, porque también viví en Cali cerca de la costa Pacífica. Mi formación ha estado permeada por todas estas músicas. Después encontré la manera de estudiar jazz y encontrarme con el lenguaje de la improvisación. La raíz de mi música es la mezcla africana, indígena y española.
Has mencionado que la música de las costas colombianas son pilar de tu proyecto.
Me ha llamado mucho el tambor, que es la columna vertebral, porque desde muy pequeña sonaba en mi casa, es como esa tierra, ese corazón, lo que me conecta con mi mamá. Yo compongo mucha música a partir de los ritmos, me inspira mucho eso, el patrón del bullerengue; el patrón de la cumbia; el patrón del currulao que es un ritmo que me encanta. A partir de ahí nacen las canciones. Siento que es una forma muy natural para mí de componer y de crear porque eso está desde el vientre materno. Y luego viajar a los diferentes territorios colombianos fue muy bello. Y por supuesto, también están otras músicas que me han ido enamorando en el camino.
¿Cómo ha sido la experiencia de retomar elementos del jazz a tu música?
Siempre me llamó la atención mucho el scat. De niña escuchaba programas de radio de jazz en la casa y me atrapó ese juego vocal. Cuando empecé a estudiar y a estar más cerca de la academia quise ahondar un poco más en ese lenguaje. Era más difícil encontrar una escuela en Colombia que me pudiera guiar pero siempre estuvo esa inquietud, lo hice de una manera empírica al principio aprendiéndome solos, escuchando a las grandes cantantes de jazz por supuesto y luego empezando a mezclar, porque es muy bello ese punto de encuentro que hay entre el folclor colombiano y el jazz, al final son músicas populares que se encuentran y que tienen una libertad rítmica y una libertad maravillosa para poder explorar. Me di cuenta que podía improvisar también en un currulao, en una cumbia, en los pregones de la salsa. Esa improvisación que encontraba en el scat también aparecía en otras músicas con otras formas o sílabas.
Hice una investigación que hace poco publiqué en una cartilla llamada “Scat Colombiano” es un poco traducir esos vocablos de esas cantantes que yo escuchaba de niña. Entonces armé una cartilla donde se puede explorar esa improvisación y unir o encontrar esos puntos de encuentro de la rítmica, de la exploración de ese lenguaje para improvisar pero desde un lugar diferente, desde mi territorio que es lo que conozco. Siempre ha estado ahí el jazz, es maravilloso porque es un lenguaje que me ha permitido ampliar mi registro, explorar mi voz de otra manera, perder el miedo. Cuando uno está estudiando en la escuela a veces los cantantes nos volvemos muy rígidos y yo necesitaba un lugar que me dijera: puedes equivocarte, puedes improvisar, no todo tiene que estar planeado, no todo está en la partitura. Cuando llegó el jazz a mí en la escuela fue como una liberación en muchos sentidos, es un lenguaje que hay que estudiar, hay que entrenar, hay que oír, hay que abrir la escucha. Me permite a mí encontrar una voz propia para contar esas historias atravesadas también por el folclor

¿Qué tanto te ayudó a asimilar esto el viaje que hiciste a Nueva York en el 2018?
Fui al centro de todo a conocer a mi ídolo Bobby McFerrin, lo admiro por todo lo que hace con su voz, con los juegos vocales, con su registro. Me encontré con una experiencia de vida maravillosa. Estuve una semana en un retiro que organiza en Nueva York con diferentes profesores del Circle Song. Iba pensando que iba a aprender teoría y esas cosas pero luego me di cuenta que era algo más profundo: cantar con alrededor de 100 personas durante una semana y ahí se conectó algo muy importante y bello. Tenerlo enfrente dirigiendo los círculos, creando música en el momento con el espíritu del juego cambió muchas cosas en mí. También pude ir a los clubes de jazz que soñé conocer, ver a los grandes jazzistas haciendo swing, conocer a otras cantantes que también admiraba muchísimo, fue una inmersión apoyada por el Instituto Distrital de las Artes para poder estar un mes allá y conocer todo eso que soñaba.
La influencia de cantantes de jazz latinoamericanas ha sido importante para ti.
Muchísimo. Soy una melómana de proyectos de mujeres que hacen jazz latinoamericano. Siempre estoy buscando hermanas en otros países que hagan un poco lo que yo he hecho. A pesar de que en este momento se ha abierto un poco la escena en Colombia, cuando yo empecé no habían muchos proyectos que hicieran estas fusiones, tampoco había mucho público. Era raro para mí entrar a los festivales de jazz porque lo que hago no es swing, no es jazz clásico, canto en español con ritmos colombianos entonces siempre era como ¿dónde está mi lugar?, ¿dónde está mi espacio?. Y cuando encuentro proyectos de mujeres que vienen caminando con esos intereses pues es maravilloso encontrar hermanas en el camino y me voy nutriendo de esos proyectos. Tengo un podcast donde las estoy invitando, tengo una playlist de esos proyectos de mujeres que me apasiona tanto escuchar y siento que ha sido muy bonito saber que sí se hace jazz latinoamericano, que sí hay una forma de hacer jazz distinta con nuestra expresión y nuestra manera de contar nuestras historias que son diferentes también.
Tu nuevo álbum “Golondrina” es un homenaje a las mujeres del jazz colombiano.
Hace muchos años soñaba unir diferentes mujeres que han abierto camino, que han inspirado y siento que este fue un proyecto muy ambicioso. Es un proyecto grande de varias invitadas, invité casi a 10 mujeres al disco. Empecé a trabajarlo en 2024, a componer y a pensar en las historias, en los formatos y luego se fue abriendo todo y se fue dando toda esa magia para que estuvieran. En el disco estuvo Lucía Pulido, que es muy conocida en México porque ella vive ahí desde hace muchos años y es una voz muy importante en el jazz colombiano. Es una mujer que ha abierto camino, que ha mostrado el folclor de otra manera refrescándolo con otros formatos. Una voz que está en la memoria de todos nosotros y fue muy bonito poderla invitar en “El Rumor de las Aguas” que es un bullerengue jazzeado.
Invité también a una flautista y gaitera que se llama Anamaría Oramas, que es parte de una generación actual que está haciendo proyectos muy poderosos. Está invitada en la canción que le da apertura al disco, una cumbia en homenaje a mi madre y en general a las mujeres que han volado para encontrar sus sueños. Mi madre es una teatrera que abrió en su momento también espacios, quise hacer un homenaje a ella y a muchas mujeres que han abierto esos caminos. Melissa Pinto, jazzista colombiana que vive en Alemania que trabaja también con fusión de música de las costas hizo el arreglo de “Golondrina”. Invité también a varias mujeres en la percusión, en los coros. Reuní a un grupo muy significativo para mí en el que participé cuando inicié mi carrera hace casi 20 años llamado “Comadre Araña” para hacer una canción llamada “Serenando”, un currulao del Pacífico. Convocar al espíritu femenino fue la intención de este disco.
¿En qué momento creativo te encontró tu nueva producción discográfica?
En un momento en el que necesitaba volver a mis raíces. Mi disco anterior se llama “Manglares” que es un homenaje a Colombia con un formato grande y yo sentía que tenía que recogerme un poco y empezar a ir hacia adentro para volver a contar lo que quería decir. Me recogí un año, hice menos conciertos y empecé a escribir y me di cuenta que necesitaba contar otras historias. Apareció el interés y las ganas de explorar las lenguas indígenas. Urpi significa “paloma” en quechua, ese es mi nombre pero nunca profundicé mucho más del por qué me habían puesto así. Empecé a investigar un poco las lenguas indígenas por lo que aparece una canción en quechua en este disco, aparece una canción en Muisca que es una lengua de mi territorio en Bogotá que tristemente no existe más pero hay un trabajo de recuperación de frases y de palabras. El disco, sin planearlo, está formado por canciones pares, dos canciones por cada tópico: el cambio climático; la falta de agua; los incendios de los cerros en Bogotá; las niñas y niños que trabajan en las minas.
Estás realizando tu cuarta gira por México donde presentas “Golondrina”. Suenas con tu banda completa.
Sí, es maravilloso porque como independientes no siempre se puede salir con la banda completa. Esta gira está apoyada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes de Colombia, tuvimos un estímulo para poder pagar los boletos, para poder tocar con el quinteto y mostrar el disco. Estoy muy feliz porque el lanzamiento va a ser en México antes que en Colombia, no hemos lanzado todavía el disco, así que es muy significativo porque ha sido un país que me ha abierto las puertas con mucho cariño y siempre lo agradeceré. Se han abierto los caminos de una manera muy mágica. Vamos a estar en tres estados de la República Mexicana con un quinteto conformado por Nico Torres en el bajo y arreglos; Kike Narváez en la batería; Efi Lambuley en el tambor y voces y Brian Vásquez en la guitarra. Además tendremos como invitada especial en el saxofón a Carolina Mercado de México.

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