El pianista y compositor colombiano Holman Álvarez radicado en Queens, Nueva York, presenta “Uarli’s Bones”, un disco grabado a cuarteto con Patricia Brennan (vibráfono), John Hébert (bajo) y Kate Gentile (batería). Está inspirado en la cosmogonía amazónica, la mitología griega, el folclor colombiano y la vida urbana contemporánea y navega entre la improvisación, las estructuras modales y la libertad compositiva. En entrevista nos habla de su música y trayectoria.
Por Efraín Alavez
¿Cómo fuiste formándote musicalmente con el profundo legado musical que tiene Colombia?
Nací en Barranquilla, la familia de mi mamá es de allá, entonces tengo esa herencia costeña aunque no viví mucho ahí porque nos fuimos a Buenaventura, una ciudad del Pacífico, ahí viví cuatro años. Después nos cambiamos a Cali y ahí siguió mi absorción musical. En cada una de estas ciudades lo que más predomina es nuestra influencia afrocolombiana, es muy fuerte. En Cali el 70% de la población es afro entonces nosotros crecemos en ese contexto. Es la ciudad de la salsa y obviamente crecí tocando salsa y música tropical. Mis inicios son en la música popular.
A partir de esto, sumado a la inclinación por el jazz de mi profesor Jaime Henao, que tocaba en una orquesta de salsa muy famosa llamada “La Misma Gente” y la influencia de Papo Lucca, Eddie Palmieri y Chucho Valdés, que en ese tiempo viajaba mucho a Cali, el latin jazz y el jazz me permeó y me atrapó. Luego me fui enterando de lo que pasaba con Chick Corea, me volví un obsesivo de Keith Jarrett, después conocí a Miles Davis y todas las cosas interesantes del jazz. En Cali también estudié en la Universidad del Valle, donde se enseñaba música académica, la carrera de piano y composición. Tuve todas estas influencias: la popular, el jazz y la académica, todas mezclándose y generando esto que hago ahora.

Estuviste una temporada en Bogotá donde grabaste varias producciones, ¿cuéntanos de la tendencia musical de esos discos?
Sí, cuando me gradué me gané una beca para estudiar en Buenos Aires en el Conservatorio Manuel de Falla con Ernesto Jodos, un pianista muy importante de Argentina. Empecé a conocer un poco más del free jazz, el hard bop, pues nos lo enseñaban en el conservatorio, pero se tocaba mucho en la escena de Buenos Aires. Cuando se terminó mi beca me regresé a Cali pero al no haber mucho movimiento laboral decidí irme a Bogotá y empecé la grabación de mis discos. En el 2012 grabé mi primero, el de piano solo, llamado “Yegua de la Noche”. Ahí empiezo mi aproximación con el diálogo de lo experimental porque en ese tiempo, Bogotá tenía una escena experimental más fuerte inclusive que la escena jazzística.
El segundo fue “Geometría Ardiente” hecho a dúo con Jorge Sepúlveda, es un disco experimental, hay improvisación pero también hay composiciones contemporáneas. El tercero fue mucho más arriesgado, se llama “Los Hijos de Mercurio” producido con tres diferentes tríos. Después saqué un material con el grupo “Páramo” titulado “El Ángel Exterminador” con una orientación al jazz contemporáneo y luego hice “La Falda de un Cristo” nuevamente a dúo con Jorge Sepúlveda totalmente improvisado (hicimos una gira por Colombia y esa producción retrata el concierto en vivo que realizamos en Cali). El último álbum de esa época en Bogotá, que duró mas de diez años, fue “Liminal” con un concepto a piano trío.
Después de ese periodo decidiste cambiar de residencia a Nueva York.
Había hecho un viaje a Nueva York en el 2014 para conocer la ciudad, fue mi primer viaje y estuve como 10 días quedándome en la casa de mi amiga pianista Carolina Calvache. Vi todo ese movimiento en “The Stone”, “Cornelia Street Café”, “55 Bar”, Village Vanguard y me sorprendió la concentración de músicos talentosos de todo el mundo que nunca había visto en mi vida. En ese momento no pensaba venirme a vivir acá, mi idea era venir cada año a tomar clases, a ver conciertos, a inspirarme y volver a Colombia. El venir no fue estrictamente por una cuestión musical. Conocí a mi actual pareja que es de Cali, nos reencontramos en la pandemia, ella vive acá desde hace 20 años. Queríamos seguir juntos y la opción fue que yo me viniera a esta ciudad. Básicamente fue por amor por lo que estoy aquí. A ella también le gusta mucho el jazz, es la productora de los dos últimos discos que he hecho en Nueva York.
El primero de ellos se llama “Hidden Objects”, lo lancé con el sello Sunnyside Records. Colaboró el trompetista Adam O’Farrill, el bajista Drew Gress y el baterista Satoshi Takeishi, me gustó mucho esta combinación. Al disco le fue muy bien, pude lograr ir con esa música al “Jazz al Parque” el año pasado. Fue una experiencia increíble, lo grabé en EastSide Sound Studio de Manhattan, creo que es el más antiguo de la ciudad y participó un ingeniero que ha grabado mucho jazz, tiene un sonido muy claro en el oído, no hay que decirle muchas cosas. Los músicos fueron muy profesionales, llegaron a la hora que era con los temas estudiados, son cosas que no había vivido antes, ese nivel de profesionalismo en el jazz.

“Uarli’s Bones” es tu segunda producción estando en Nueva York. Su concepto se inspira en la cosmogonía amazónica, la mitología griega, el folclor colombiano y la vida urbana.
Sí, eso es lo que me ha pasado toda la vida y creo que es algo de ser latinoamericano y de ser colombiano, me siento cruzado por la sangre indígena, africana, catalana, todo lo que tenemos adentro y me hace ser lo que soy. Siempre estoy muy abierto a las influencias, me gusta mucho leer y aprender. Los discos son una especie de fotografía de lo que me está pasando en ese momento, de lo que leo en ese momento, de lo que vivo política y personalmente.
Nunca he querido hacer un álbum de música colombiana tradicional, eso está dentro de mí, más bien quiero utilizarla como germen o célula para generar algo nuevo que tenga que ver con lo que estoy viviendo, como una actualización de lo que vivo a partir de mi genética latinoamericana. Entonces, empiezo a combinar las cosas como se hace al cocinar y al final da un color que tengo claro en la cabeza o a veces no, pero siempre termina siendo algo muy auténtico.
En cuanto a la cuestión del mito, estaba leyendo en ese tiempo “La leyenda de Yurupary” por una recomendación de unos amigos escritores y resulta que el libro estaba lleno de imágenes y música. Empecé a componer de una manera como no lo había hecho antes, no viniendo desde una técnica en particular sino siguiendo unas intuiciones desde el libro. Así compuse el tema que le da nombra el discoque es como si los huesos empezaran a vibrar y a sacar nueva música, eso es lo que dice el libro.
Sin intención de ponerle una etiqueta, el disco va del jazz contemporáneo a la música experimental pasando por el free jazz.
A mí me gusta mucho hacer improvisación libre, es decir, improvisar de la nada, pero también me gustan mucho las composiciones, me encanta el jazz tradicional y la música colombiana. A veces no sé como juntar todo esto porque no soy ese tipo de músico que trata de definir su personalidad o sus ideas por el tipo de música que hace. El tipo de música que hago es como la libertad que me doy para hacer cualquier cosa, es como un mundo libre para mí la composición.
Trato de hacer cosas que sean muy compuestas, luego pasar por una especie de desintegración, que podrían ser las partes que tienen improvisación libre y cuando necesito el groove entonces voy a mis tradiciones colombianas, latinoamericanas o propias del jazz en donde encuentro eso que une todo. Trato de no irme mucho para un lado o para el otro, obviamente haré discos mucho más conservadores y otros mucho más radicales hacia la improvisación, pero tanto en este como en el anterior quise mantener una cosa intermedia. Disfrutar toda esa gran gama que nos da el jazz.

En este disco participa Patricia Brennan, vibrafonista, marimbista, improvisadora y compositora mexicana radicada también en Nueva York.
A Patricia la conocí en un concierto en The Jazz Gallery porque mi amiga pianista Carolina Calvache la conocía desde que se mudaron aquí hace 20 años y son amigas. Ahí no me la presentó pero la vi tocando y me sorprendió. Me gustan mucho los músicos versátiles, me encanta alguien que tenga varios background porque para un compositor es importante ya que puedes escribirles desde muchos parámetros. Vi a Patricia ahí y obviamente noté su capacidad técnica que viene de un background clásico muy fuerte. Cuando la llamé y la contacté a partir de mi amiga también me di cuenta que era muy buena persona. Fuimos al estudio, lo que noté de ella fue su respeto por la música, la había estudiado, me contó lo que le gustaron de las composiciones y su actitud en la grabación fue muy chévere.
No tengo una relación de amistad con Patricia pero las veces que hemos trabajado ha sido muy cercana, amable y cálida. Ahora cada vez le va mejor, su nuevo disco es increíble, cada vez tiene más giras y sale en más reviews de revistas importantes, me alegro mucho por ella porque se lo merece, es muy buena música. Cuando me confirmó su participación empecé a componer para ella (todas las partes del vibráfono que están en el disco fueron compuestas para ella).

Presentaste “Uarli’s Bones” hace algunas semanas en Nueva York.
Sí, conseguimos para el lanzamiento un lugar muy especial que es el National Jazz Museum en Harlem, un barrio que me encanta porque está cargado de historia. Fue muy chévere porque conté con Tom Rainey en la batería, que es uno de mis héroes del instrumento. Estuvo Víctor Vieira que vino desde Filadelfia para reemplazar a Patricia que no pudo tocar con nosotros ya que tuvo un problema en el hombro y complementó el cuarteto Sean Conly en el contrabajo, gran músico con el que he tocado algunas veces. Quedé muy contento y la gente también.
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